jueves, 4 de septiembre de 2014

LA JUGADA


Un día de gran fiesta para la ciudad ocurría cuando jugaban los dos equipos rivales de la localidad. El abuelo hincha del equipo naranja desde su fundación se jactaba de haber jugado en él durante su época gloriosa. Describía uno a uno la nómina de aquel tiempo (y también la actual claro está), los marcadores que tuvieron, los campeonatos ganados.
Estos comentarios que habían acompañado la crianza del ahora ya padre, también fueron hechos al nieto; no obstante, tanto en uno como en el otro los resultados de dichos comentarios había arrojado resultados no esperados.
Abuelo, padre y nieto se dispusieron a tomar su respectivo puesto en las graderías del estadio. El viejo tenía pegado a su oreja un pequeño radio, el hijo atendía los comentarios dados por los parlantes del estadio y el hijo sintonizaba su ipod. 
Actos de protocolo: himno nacional, saludo de jugadores, saque de honor, baile de bastoneras, todo ello pasó y se dio paso a lo esencial y así empezaron la emociones.
Frecuencia cardiaca alta, sudoración profusa, arengas en contra y vítores manaban de todo el estadio, y en un lugar minúsculo de éste se podía evidenciar una parte elemental a este todo, la reunión tripartita representaban los tres grandes actores de éste gran drama. El abuelo del equipo naranja, el hijo árbitro y el nieto fanático del equipo negro: polaridad y equilibrio hacían presencia.
El jugador número siete del equipo naranja se saca al último defensa del equipo negro y  disponiéndose a patear al marco,  de pronto, de la nada, aparece un jugador negro que corta abruptamente la clara opción de gol. La barra negra enmudece por unos segundos, mientras la barra naranja pide justicia al árbitro. Para los naranja había caído el jugador en la zona del penalti y para los de negro había caído fuera de esta. Pronto la gresca se hizo presa en la cancha y de ella pasó al estadio entero y la “reunión” tripartita daba fe de ello:
-¡Eso fue adentro! Decía el abuelo pálido mientras movía su puño.
-¡Papá por favor tranquilízate! Le decía el hijo al anciano encolerizado.
¡Mijo que le está pasando! Le decía el papá a su joven hijo mientras separaba con un brazo al viejo.
-¡Ese tipo es un payaso, un farsante! Decía el nieto ya a punto de golpearse con su abuelo.
El árbitro de ver tal gresca decidió suspender el partido. Los policías se hicieron a la tarea de tratar de ordenar la situación y poco a poco gracias a los gases, uno que otro bastonazo y los fuertes chorros de agua lograron disipar al gran monstruo.
Mojados, el viejo sacó de su bolsillo un pañuelo para secar sus ojos irritados por el gas y tras ser conducido por su hijo y su nieto, les dijo: -Disculpen a este viejo mis muchachos, es que ustedes saben cómo me ponen a mí las injusticias.
El nieto mirándolo de reojo le hace una mueca al viejo y responde: -¿injusticia? ¿Por qué crees que mi papá no ha dicho nada?
El papá paró y mirándolos unos segundos pensó en lo extraño de la situación, sonrió perplejo y luego de rascar su cabeza les dijo:
- ¿no es suficiente con lo que ocurrió en el estadio? Ya déjense de esta discusión sin sentido, ambos saben que vieron una jugada, pero la pasión que le tienen a su equipo no les deja interpretar correctamente lo que pasó.
El joven señalando a su abuelo le replicó  al papá: -tal vez el viejito no vea bien, pero yo sí.
El viejo tomo de nuevo un color rojo en su rostro y temblando de rabia le dijo a su nieto: ¡Insolente! Tras de grosero ciego. No viste que casi le quiebra el pie.
El papá mirando como esta discusión no iba a tener ningún tipo de solución, excepto una posible disputa física, le dijo al abuelo se sentara en el paradero del bus mientras retiraba a su hijo unos metros de ahí.
Ya en el bus los tres se sumieron en sus pensamientos.
Tal vez la televisión permitiera dirimir las diferencias y así afloraría la verdad; sin embargo, aunque ésta permitiría posiblemente determinar la verdad de la jugada ¿alcanzaría a determinar lo que ocurriría después en el partido? ¿Si tal jugada fuese una falta permitiría saber el resultado final? ¿lo contrario lo haría?.
Luego de pensar el papá miró al viejo y luego a su hijo que aun iban discutiendo, movió su cabeza de lado a lado y decidió mejor dejarse llevar por las innumerables imágenes que brindaba el bus en su movimiento.  

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