martes, 25 de marzo de 2014

LOS CONFORMES



¡Oh! Lo tengo todo... que aburrido es vivir así.
¡Oh! No tengo nada... que aburrido es vivir así.
Ambos casualmente se encontraron y vio el uno en el otro el anhelo siempre buscado. De esta manera decidieron intercambiar sus vidas, para así romper con lo anhelado y encontrar la felicidad.
¡Ah! No tengo nada, que feliz soy.
¡Ah! Lo tengo todo, que feliz soy.
Tiempo después...
¡Oh! Ahora que no tengo nada, como anhelo de nuevo tenerlo todo.
¡Oh! Ahora que lo tengo todo, como anhelo de nuevo no tener nada.
De nuevo y por casualidad se encontraron y vieron el uno en el otro la manera de romper el nuevo anhelo suscitado; de esta manera decidieron de nuevo intercambiar sus vidas, para así romper con lo anhelado y encontrar de nuevo la felicidad.
¡Ah! De nuevo lo tengo todo, que feliz soy.
¡Ah! De nuevo no tengo nada, que feliz soy.
Después de un tiempo aun más largo...
¡Oh! Lo tengo todo, que aburrido es de nuevo estar así.
¡Oh! No tengo nada, que aburrido es de nuevo estar así.
De nuevo y por casualidad se encontraron...
Mientras esto sucedía, sin dejar de pasar por miles de años; en un paraje virgen animales, plantas y el resto de seres vivos seguían siendo felices como lo hacían desde hace millones de años. 

lunes, 17 de marzo de 2014

EL CONOCEDOR



Un científico caminaba por la orilla de un gran río y con sus manos en la cintura miraba atento alrededor. De pronto algo llamó su atención: un “algo”, tubular, verde y extraño; sin saber de qué tipo de ser se trataba se propuso conocerlo.

Era bastante grande, así que trajo una gran balanza para poder determinar su peso exacto. Después lo fotografió y ya con la foto corrió a compararla con la de una enciclopedia. Según los datos dados en la enciclopedia se trataba de un: “cocodrilus americanus”. Comparado los datos iniciales, corrió de nuevo al animal y comenzó a cotejar uno a uno el resto de datos dados en la enciclopedia: cantidad de dientes, largo, sexo, numero de manchas, entre otros. Para asegurarse aun más (porque era un científico meticuloso), tomó una muestra de piel, la llevó al laboratorio y comparó la distribución genética con la que mostraba la enciclopedia, dando al final como resultado la confirmación exacta de los datos ya mentados en la enciclopedia.

Agotados todos los recursos intelectuales, el científico recogió todos sus instrumentos, pues ya de este animal no había nada que conocer. Cuando se dispuso a seguir su camino el animal se abalanzó sobre el hombre y lentamente lo fue devorando.

lunes, 10 de marzo de 2014

El Macho



Mientras deambulaba por la calle, meditaba sobre un poco de esto y de aquello. Tratando de disiparme de tan agobiante ciclo, divisé a lo lejos el lugar que posibilitaría mi desconexión. Ya en el bar, me senté en una de las sillas de la barra y pedí al cantinero una cerveza. Dos sillas a mi izquierda se encontraba un hombre medio ebrio, con su cara brillante y roja. Luego de observarme y hacerme una mueca, que francamente no pude comprender si era amigable o de desagrado, continuo su conversación con el cantinero. Aunque mi propósito al entrar al bar era otro y siendo tan fácil y en ocasiones agradable escuchar conversaciones ajenas, me dispuse -sin que lo notasen los hablantes- a escuchar atentamente su conversación.

-¡Sí señor, ese tipo sí que es todo un macho! - Decía el ebrio mientras despeinaba su ya enmarañado cabello.

- Recuerdo el día que vinieron a pelearse dos mujeres bellísimas por él y aunque no me creás, le tuve que decir al galán que se fuera con sus problemas a otro lado; pero sabés, no te niego que me temblaban las patas mientras se lo decía - Acotaba el cantinero mientras miraba a tras luz los vasos que limpiaba.

- ¡No jodás! ¿Entonces si era cierto lo del “siete mujeres”? Decía excitado el ebrio, mas el  cantinero se le acerco y le dijo casi susurrándole: - más bien le colocaría el “siete muertos”, pues por si no lo sabés hace muy poco salió de la cárcel y como maneja tanto billete, parece que pagó bastante para poder salir rápido.

El ya borracho, tomo un gran trago de aguardiente y con tono acongojado afirmo: -Ese man si que es todo un macho-. Mientras movía su cabeza de un lado a otro.

El cantinero para tratar de motivar al ya casi dormido cliente, continuo diciéndole: - Eso sí es verdad, porque imagínese que...-

Abruptamente corto la conversación el cantinero, pues se empezó a escuchar un sonido sordo acompañado de leves vibraciones,  que a medida que pasaba el tiempo iban aumentando su fuerza. Pronto del diálogo estentóreo que da el alcohol, se paso al susurro que da el temor.



Mi corazón empezó a latir con mayor frecuencia, porque por lo que veía en los demás, lo que se acercaba no era para nada “amigable”. Me paré y traté de pagar al cantinero y este invitándome a sentarme de nuevo me dijo con vos entrecortada y nerviosa: -Es por su seguridad, la persona que viene no le gusta que nadie salga cuando el va a entrar. Sin preguntar el por qué e imaginándome de quien era, me senté y rápidamente el sudor empezó profusamente a empapar mi frente. De un solo golpe se abrió la puerta del bar y a través de un espejo que se encontraba frente a mí, pude observar esa gran amenaza.



Era un hombre de unos dos metros de altura, gran musculatura, tez trigueña y cabello muy corto. De su cara no salía gesto alguno y tratando que lo que pensara no se notara, se cruzo por mi mente la imagen de un zombi. Aquel coloso fue acercándose cada vez más hacia mí y yo en un esfuerzo sobre-humano agarre la cerveza y tome un trago, interpretando las líneas que me tocaban en esta extraña obra de terror.

El cantinero le preguntó que si deseaba lo de siempre, y una voz como de caricatura le respondió:

-sí, lo de siempre.

Atónito y no aguantando la curiosidad trate de soslayo, ver de donde procedía tan cómica voz...

Atónito quede al ver que tal voz venia de su pistola.

martes, 4 de marzo de 2014

EL CRÉDULO



En la cuadra de su barrio:

-¡Ahí viene! Siempre tan linda, tan preciosa, tan... ella. ¡Oh! Me está mirando ¿Será que le gusto? ¡Me está sonriendo! 
Pensaba alegremente el joven, mientras se acercaba a él, la mujer de sus sueños.
-Otra vez este pendejo. No se qué es lo que tanto me mira. Apuesto que cree el muy imbécil que me gusta -. 
Pensaba la bella joven, mientras arreglaba su sedoso cabello.


En el colegio:


-¿Será que este señor sabrá lo mal que me cae? No se dará cuenta que es por eso, que discuto tanto en su clase. Viejo dogmático-
Pensaba el joven mientas tomaba apuntes en su cuaderno para contradecir al profesor.

-¡Ah! Como me recuerda este joven a mí cuando era estudiante: interpelaba, refutaba, discutía con mi docente de filosofía... ¡A tiempos aquellos! En que aun la libertad y la mi voluntad bailaban en mi existencia-. 
Pensaba melancólicamente el profesor mientras esperaba ansioso el embate del joven.


En su casa:


-¡Ah mí mamá! Siempre entregada al que-hacer del hogar. Siempre dándose de corazón a nosotros; dejaría todo lo que soy por estar tan seguro de lo que hago, como lo está ella. 
Pensaba el joven, mientras sonreía desde la mesa de estudio a su madre, que barría rápidamente la cocina.

- Mírelo sentado, incapaz de ayudarme en nada, todo por el pretexto de “estar estudiando”. Que mas quisiera yo estar en su lugar y no estar aquí haciendo algo que día a día me tiene tan aburrida.
Pensaba la frustrada madre.
 

Ya en su cuarto, el joven entregó todo su empeño en el fin de semana, para construir la gran obra de sus sueños: la maquina que le permitiría saber lo que pensaban los demás.


Domingo en la tarde en su casa:


-¡Eureka! Lo he logrado
Brincaba felizmente el joven.


En el anochecer del lunes su madre confundida, le decía temblando al investigador que ignoraba el por qué Jorge, había quemado su pieza y había dado fin a su vida de manera tan terrible.