martes, 23 de septiembre de 2014

EL INDIVIDUO



En un tiempo como este, se encontraba un individuo triste, pues todo lo que le rodeaba era igual a él, tanto que en ocasiones le era difícil precisar si aquello que le rodeaba era diferente a él o era él mismo. Era obvio pensar así toda vez que todo era del color que él había decidido, todo tenía la forma que él había querido.

Triste, decidió salir de su creación, para así tratar de encontrar cómo librarla de tal monotonía. Ya fuera, se topó con un animal y recordó como en uno de esos sueños ancestrales, éste abyecto ser tenía algo que le era muy suyo. El individuo también notó como este lugar tenía ciertos parecidos con el suyo, empero el precioso color que rodeaba los resquicios mas secretos de este lugar lo hacían incomparable al suyo. De ver tanta belleza al individuo le nació algo que creía extinto, la envidia y pensó para sí: ¿Cómo un ser que repta y no tiene habla puede vivir en lugar tan armonioso?

Desde el fondo más recóndito del enajenado individuo, salió un potente grito de ira que inundo todo el lugar e hizo que el animal temblara de miedo. El individuo al ver esta reacción se dijo para sí: -¿Por qué no hurtar esta belleza? Este pobre bruto no podrá hacer nada en contra de ello.  Hecha esta consigna, enfiló sus armas tras su meta y pronto empezó a notar como su pálido lugar tomó gradualmente el sublime color del lugar del animal. El individuo feliz se maravillaba de tan hermosa plenitud; no obstante, del lugar presa de su rapacidad se escuchaba una extraña sonrisa, de la cual se hizo caso omiso.

Pasado el tiempo, la armonía que siempre había buscado la halló, mas ahora de aquella leve sonrisa se pasó a una estridente carcajada. El individuo furioso se adentró a lo más profundo del lugar profanado y se topó con el origen de tan estridente burla, el último animal. Éste dispuesto a callar de una vez y para siempre tal provocación, saco su cuchillo y se acerco al animal para degollarlo; éste cuando notó que se acercaba su verdugo bajó la cabeza en señal de sumisión. Este acto enfureció aún más al individuo y sin pensarlo empezó a asestarle puñalada tras puñalada y la sonrisa ahora había cambiado de lugar. La sangre del inocente brotaba impotente y las ropas del individuo se empapaban también de ella.

Mientras ocurría este flujo de injusticia, horrorizado y confundido, el homicida veía como era de su pecho que manaban la sangre del último animal.

lunes, 15 de septiembre de 2014

LA NIÑA



Una niña ofuscada salió de su casa azotando fuertemente la puerta. Decidida a meditar lo sucedido se dirigió al centro comercial. En él pudo ver en un almacén una valla publicitaria que tenía a una hermosa mujer que sin blusa alguna, modelaba unos hermosos jeans. Ella de ver lo bien que le quedaban a la modelo decidió acceder a tal belleza y entrando al almacén compró el jean.
Feliz siguió su caminata y a escasos metros de donde estaba pudo ver un grupo de chicos felices en otra valla. Éstos eran felices porque lucían unas hermosas camisas. La chica quiso ser tan feliz como los jóvenes y entrando al almacén compró una camisa que hiciera juego con su nuevo jean.
Feliz de tan mágico encuentro pudo ver en otra valla un grupo de mujeres muy atléticas que hacían deporte con unos zapatos muy especiales y ella de ver tan exuberante belleza quiso ser partícipe. Así que compró un par de tales zapatos.
Aún más feliz y luego de meditar tanto, se dirigió a casa y así dar la sorpresa a su mamá. Timbró en su casa imaginando la cara de sorpresa de su mamá:
-Buenas tardes ¿a quién necesita?
La joven confundida miró a su mama y sollozando le dijo:
- ¿Es acaso una broma? ¿Dónde está la cámara escondida? ¿No reconoces a tu hija?
La señora miró a la joven de arriba a abajo y sonriendo levemente le respondió:
Disculpe usted señorita pero mi niña murió hace poco.

jueves, 4 de septiembre de 2014

LA JUGADA


Un día de gran fiesta para la ciudad ocurría cuando jugaban los dos equipos rivales de la localidad. El abuelo hincha del equipo naranja desde su fundación se jactaba de haber jugado en él durante su época gloriosa. Describía uno a uno la nómina de aquel tiempo (y también la actual claro está), los marcadores que tuvieron, los campeonatos ganados.
Estos comentarios que habían acompañado la crianza del ahora ya padre, también fueron hechos al nieto; no obstante, tanto en uno como en el otro los resultados de dichos comentarios había arrojado resultados no esperados.
Abuelo, padre y nieto se dispusieron a tomar su respectivo puesto en las graderías del estadio. El viejo tenía pegado a su oreja un pequeño radio, el hijo atendía los comentarios dados por los parlantes del estadio y el hijo sintonizaba su ipod. 
Actos de protocolo: himno nacional, saludo de jugadores, saque de honor, baile de bastoneras, todo ello pasó y se dio paso a lo esencial y así empezaron la emociones.
Frecuencia cardiaca alta, sudoración profusa, arengas en contra y vítores manaban de todo el estadio, y en un lugar minúsculo de éste se podía evidenciar una parte elemental a este todo, la reunión tripartita representaban los tres grandes actores de éste gran drama. El abuelo del equipo naranja, el hijo árbitro y el nieto fanático del equipo negro: polaridad y equilibrio hacían presencia.
El jugador número siete del equipo naranja se saca al último defensa del equipo negro y  disponiéndose a patear al marco,  de pronto, de la nada, aparece un jugador negro que corta abruptamente la clara opción de gol. La barra negra enmudece por unos segundos, mientras la barra naranja pide justicia al árbitro. Para los naranja había caído el jugador en la zona del penalti y para los de negro había caído fuera de esta. Pronto la gresca se hizo presa en la cancha y de ella pasó al estadio entero y la “reunión” tripartita daba fe de ello:
-¡Eso fue adentro! Decía el abuelo pálido mientras movía su puño.
-¡Papá por favor tranquilízate! Le decía el hijo al anciano encolerizado.
¡Mijo que le está pasando! Le decía el papá a su joven hijo mientras separaba con un brazo al viejo.
-¡Ese tipo es un payaso, un farsante! Decía el nieto ya a punto de golpearse con su abuelo.
El árbitro de ver tal gresca decidió suspender el partido. Los policías se hicieron a la tarea de tratar de ordenar la situación y poco a poco gracias a los gases, uno que otro bastonazo y los fuertes chorros de agua lograron disipar al gran monstruo.
Mojados, el viejo sacó de su bolsillo un pañuelo para secar sus ojos irritados por el gas y tras ser conducido por su hijo y su nieto, les dijo: -Disculpen a este viejo mis muchachos, es que ustedes saben cómo me ponen a mí las injusticias.
El nieto mirándolo de reojo le hace una mueca al viejo y responde: -¿injusticia? ¿Por qué crees que mi papá no ha dicho nada?
El papá paró y mirándolos unos segundos pensó en lo extraño de la situación, sonrió perplejo y luego de rascar su cabeza les dijo:
- ¿no es suficiente con lo que ocurrió en el estadio? Ya déjense de esta discusión sin sentido, ambos saben que vieron una jugada, pero la pasión que le tienen a su equipo no les deja interpretar correctamente lo que pasó.
El joven señalando a su abuelo le replicó  al papá: -tal vez el viejito no vea bien, pero yo sí.
El viejo tomo de nuevo un color rojo en su rostro y temblando de rabia le dijo a su nieto: ¡Insolente! Tras de grosero ciego. No viste que casi le quiebra el pie.
El papá mirando como esta discusión no iba a tener ningún tipo de solución, excepto una posible disputa física, le dijo al abuelo se sentara en el paradero del bus mientras retiraba a su hijo unos metros de ahí.
Ya en el bus los tres se sumieron en sus pensamientos.
Tal vez la televisión permitiera dirimir las diferencias y así afloraría la verdad; sin embargo, aunque ésta permitiría posiblemente determinar la verdad de la jugada ¿alcanzaría a determinar lo que ocurriría después en el partido? ¿Si tal jugada fuese una falta permitiría saber el resultado final? ¿lo contrario lo haría?.
Luego de pensar el papá miró al viejo y luego a su hijo que aun iban discutiendo, movió su cabeza de lado a lado y decidió mejor dejarse llevar por las innumerables imágenes que brindaba el bus en su movimiento.