Querido Juan:
Siempre que te observo: imagino tus fuertes
brazos aprisionando mi cuerpo, haciéndome derramar gota a gota el manantial
represado de mi amor.
Imagino tus manos tocando palmo a palmo las
regiones más recónditas de mi gran selva; avasallándome cuan conquistador.
Imagino tus húmedos labios haciendo arder
aquella foresta virgen que se esconde tras mi cuerpo. Imagino tus ojos
acariciando las llanuras de mi alma, porque es en tus ojos donde se clava la
esperanza, de aquel ser huidizo.
Imagino tu voz susurrando versos sin fin y
que den fin a mi carencia.
Podría seguirte imaginando, hasta llegar a
una de tus células y preguntarme el por qué lo orgánico que eres a mis ojos se
hace ser alado.
Ángel divino y mágico, agradezco tu existir;
sin embargo agradecería aún más que el
eco de mi lamento llegara al puerto allende de tu alma y que tan solo a este
errabundo serecillo sediento de tu ser, le dieras como brújula tan solo una
sonrisa.
Rosa.
Estimada señorita:
Es algo extraño y a la vez paradójico que
suscite esta clase de sentimientos a una mujer tan joven respecto a mi edad tan
avanzada. Con lo anterior no pretendo ser insolente, ni mucho menos insensible,
sobre todo sabiendo el criterio que a su juicio tiene el “alma”.
Cuando leía su carta, quise tratarme de
imaginar cómo Ud. me “imagina” y ¡sabe!
Llegue a una flagrante contradicción.
Me hablaba de “manos, “brazos”, “ojos”, en fin
de todas esas “partes” que creo me componen y me pareció especial lo quirúrgico
que resulta ser el lenguaje.
Ud. me mutilo, corto mis brazos, mis manos,
mis ojos y más aún llego a ver en estos últimos aquello que algunos aun
refieren como “alma”.
Pero sabe, la consternación llego aún más
hondo. Me pregunté por los límites de mí rebatido “todo”: ¿Cuál es el lugar
donde puedo decir que mi boca deja de ser boca y pasa a llamarse mejilla o
cara? Tratando de hacer aún más problemática la pregunta: ¿Existen las partes
que componen un algo o son solo tales partes dadas por convención? ¿Las partes
que componen algo a su vez no se encontraran compuestas de partes? ¿Será que no
existen partes sino todo? Pero si existiera solo un “todo” ¿De dónde nace la
pregunta por las partes?
Señorita francamente estoy conmovido por su
carta y creo que se me presenta como toda una selva (no aquella “selva erótica”
que creo trata Ud. de sinonomizar con el término), llena de caminos los cuales
ninguno me llevan a la selva misma: ¿Son todos los caminos que componen la
selva, la selva? ¿Es la selva los seres que la componen? ¿Entonces los seres
serian seres o selva?
En fin, dejemos esto ahí y por favor pase por su ensayo que a
propósito pese a unos pequeños errores de forma su contenido está muy bien
hilado.