Un viejo campesino tenía de visita a su hijo
y le pidió que lo acompañara a la ladera de una montaña para poder ver así
juntos: Las nubes al atardecer.
-¡Que hermosas son las nubes! ¿Cierto hijo?
– Preguntó el viejo a su vástago y éste con sonrisa irónica y suficiente, le responde
golpeando suavemente el hombro del viejo:
- Si padre, son hermosamente falsas-. El viejo confundido le pregunta:
- ¿Por qué son falsas? ¿Acaso sus hermosos
colores son solo ilusión?
El joven mientras el viejo preguntaba movía
su cabeza y le respondía:
- Padre, a eso que llamas “nubes”, son solo un
conglomerado de vapor de agua. Este vapor es producido por la acción del sol en
el agua, en la vegetación o aun en nosotros mismos. Comúnmente a este proceso
se le llama evaporación. En ocasiones por la saturación de las nubes, el vapor
se condensa y se precipitan en forma de lluvia-.
El viejo sorprendido por la elocuencia de su
hijo, le continuó preguntando:
-¿Y su color?-.
El hijo miró los ojos de su padre y pensó lo
bueno que era limpiar de vaguedad la realidad de su anciano padre y le dijo:
-Padre, no creas que cada nube tiene un
color, es tan solo el ángulo de incidencia de la luz sobre la gran cantidad de diminutas
partículas de agua que componen las nubes. Este efecto hace que se den en ellas
este tipo de colores tan cambiantes-.
Admirado de la racionalidad de su hijo, el viejo le
mira a los ojos, le sonríe tiernamente y luego se posa frente al atardecer
haciendo un gran silencio. Su hijo también le sonrie y parte hacia la casa dejando a su padre solo. El viejo admirado de lo que veía, de nuevo y como
siempre las nubes naranjas, rojizas y violetas empezaron a danzarle. Él
extasiado les sonrío a las nubes violetas y estas le reían coquetas, mientras
las nubes naranjas olían a naranjas y las rojas brillaban preciosas. Al final,
se alejaron de él danzándole y dándole un adiós para siempre; pero susurrándole
le decían que mañana vendrían como siempre. Entrada la noche la lluvia cayó y las lágrimas
mezcladas de lluvia, evocaban la contradictoria ausencia de sus viejas y
siempre nuevas amigas de cada ilusorio día.