lunes, 26 de mayo de 2014

EL TIEMPO Y EL ESPACIO



- Esta semana no está tan buena como la anterior, ¡definitivamente! estamos en vacaciones- Pensaba Ramiro, conductor de un pequeño micro bus; cincuenta y seis años de edad, tres hijos formados ya y cerca de la jubilación. El busecillo y el estar tan solo eran aburridos. Un joven de gafas parado en un semáforo paró el microbús. Ramiro lo invitó delante para que se sentara junto a él y así librarse un poco del tedioso y silencioso viaje, el joven accedió más aún continuaba aquel silencio sepulcral del que tanto deseaba librarse Ramiro. El joven ensimismado durante parte del trayecto, le fue roto su letargo por una pregunta de Ramiro:
- ¿Cómo dejan de solas las calles las vacaciones? –
El joven luego de acomodar sus gafas, le respondió:
- ¿le parece? para uno que estudia las vacaciones no existen-.
Ramiro con una sonrisa de sorpresa, le preguntó:
- ¿Qué estudia hijo? –
El joven le respondió:
-  física –
En tono grave y majestuoso. Ramiro lo puso algo inquieto la actitud del joven y como niño continuó preguntando:
-¿y de qué se trata eso? –
El joven con una sonrisa algo suficiente le respondió:
- En dar una respuesta lógica a los movimientos de los distintos fenómenos que ocurren en el mundo, para luego sistematizarlos y así predecir los mismos en el futuro.  Esta respuesta es en términos generales insuficiente por cierto; pero es la más digerible que se me ocurre-.
Ramiro con la boca abierta daba muestras de la incomprensión de la respuesta, el joven tratando de no ser mezquino con el conocimiento trató de sacar a Ramiro de tal marasmo:
- Para dar un ejemplo algo tosco, la física nos ayuda a determinar  la velocidad de un objeto  respecto al espacio y el tiempo recorrido, principio este para por ejemplo la creación del velocímetro –
Mientras el joven le decía esto señalaba el velocímetro del carro; sin embargo, la cara de Ramiro continuaba igual, entonces el joven, sacando un pañuelo del bolsillo trasero del pantalón y luego de secar un poco el sudor de su frente continuó:
- De aquí a la universidad pensemos que existen más o menos unos 18 km. y pensemos me demoro más o menos unos 20 min. en llegar. Por tanto la velocidad promedio sería de unos 54 Km. por hora-.
Ramiro saliendo de aquel estado, sonriendo le dice:
-¡Ah! de eso es que habla la física -.
El joven mirando la sonrisa ingenua de Ramiro  le dice:
- Sí, y de otras cosas aún más complicadas - .
Ramiro jocosamente le pregunta:
- ¿más complicada que vivir?-.
Ambos sonrieron, empero el deseo de preguntar de Ramiro aún no se saciaba y de nuevo preguntó:
- ¿Entonces, puede uno medir la velocidad sabiendo el espacio y el tiempo recorrido?-
El joven analizando la simplificación hecha por Ramiro quiso problematizarle aún más la pregunta:
- Señor, quisiera que tomara lo anterior como un ejemplo ya que ahora y según teorías mucho más recientes, no podemos hablar de espacio y tiempo por separado, ¡no ocurren dos sucesos a la vez o simultáneamente!-.
Ramiro mientras frenaba en el semáforo trató de comprender lo que decía el joven y luego de acelerar para continuar la marcha, le pregunta de nuevo:
- Entonces si a Ud. y a mí se nos cae una moneda a la vez  y escuchamos que ambas caen al piso ¿no caen entonces a la vez?-.
El joven de nuevo sonríó y le respondió sin vacilaciones:
-¡No! porque el espacio- tiempo en que ocurrieron ambos sucesos resulta ser diferente-
Ramiro algo vacilante, continúo la conversación:
- Hace ya bastante tuve una novia que vivía algo lejos de mi casa, tenía que caminar casi cinco o seis kilómetros para llegar a su casa. Con el primer sueldo que tuve me compré una bicicleta y así pude demorarme mucho menos recorriendo igual distancia y no sabe cuántos beneficios me trajo, porque con el tiempo que me sobraba pude conseguir otra novia-
Ambos estallaron a carcajadas, pero Ramiro luego de secar con sus manos sucias sus lágrimas continuó:
- Así si tiempo y espacio son inseparables ¿Cómo una bicicleta pudo ampliar el tiempo y el espacio hacerlo más corto? -.
Llegado el joven a su destino la pregunta se hizo viento; pero al bajarse, sus miradas se cruzaron, creyendo para sí ambos tener la razón.

domingo, 18 de mayo de 2014

LAS COSAS



Cuando nadie se lo esperaba, un hombre que salió de la nada, manifestaba que sabía del lugar donde estaba la respuesta a la pregunta final: “cómo eran las cosas realmente”.
Al escuchar tan esperanzadoras palabras, todos soltaron sus lápices y corrieron al encuentro de tan especial lugar. Mientras corrían tras el hombre, recordaban todo el tiempo perdido; no obstante, la angustiosa búsqueda había llegado a su fin.
Todos llegados al gran lugar empezaron a abarrotarlo. Tiempo después uno a uno,  salieron del pequeño lugar con cabezas gachas y hombros caídos.
Uno que se había enterado tarde de la noticia se encontró con el primero que salía del lugar. El retrasado le preguntó el porqué de su congoja y este lastimeramente le respondió: En aquel lugar te dirán como las cosas realmente “eran” más yo ingenuamente creí me dirían “cómo son”. Ambos se miraron y la hermana angustia de nuevo se aposentó en el alma de estos errabundos seres.
Mientras tanto en una pared falsa del infame lugar, se escuchaban dos ensordecedoras carcajadas: las de un sacerdote y la del devenir.

lunes, 12 de mayo de 2014

LA CREACIÓN



- Creo que este regalo le gustará bastante a mi niña-
Pensó su padre. La niña al ver el regalo lo abrazo con alegría infinita, pues le había traído lo que ella hace rato ya le venía pidiendo... plastilina. Rumbo a su cuarto su mente volaba y su cuerpo le seguía. Mezcló, amasó, estiró y creó en pocos días un conjunto armonioso de “cositas”, las cuales daban fe de su gran capacidad creadora. Decidió entonces pedirle una opinión a su papá, sobre su magnífica creación; empero meditó y decidió no decirle nada, por aquello de lo imparcial que era quien amaba. Un poco triste decidió crear una cosita que pudiese admirar su creación y admirarle también a ella. Cuando se dispuso a crear tan imposible propósito, un pequeño trozo de madera chuzo su dedo... y la sangre se confundió con la plastilina. Ella prestó poca atención a tan poca cosa y se dispuso a traer a la existencia lo imposible. Luego de hacer tan antonomásica cosilla, decidió descansar.

Rato después, despertó y a hurtadillas decidió ver lo que hacía su creación especial. Se sorprendió al ver que su creación especial, se encontraba corriendo en medio de las otras figuras, como si buscase algo que le faltara. Luego de deambular y de no encontrar lo que buscaba, la triste figurilla se tiró al piso agotada mientras lloraba amargamente.

Con el mismo sigilo la niña pudo ver como la cosita especial, arrancaba de todas partes pedazos de plastilina, tratando de crear algo que se asemejase a ella; para así  -le parecía a la niña- poder  litigar su amargura. Cuando ya terminó, tristemente la cosita especial observó que su creación no tenía movimiento alguno. En un acto desesperado, tomó una parte de sí misma y la adiciono a su creación. Rato después la nueva creación realizada por la desesperada creación especial abrió los ojos y le sonrió a su creadora. Ambas empezaron a tomar partes y más partes de plastilina para crear cositas iguales a ellas.

La niña sin ser advertida por tan terrible creación, salió de la pieza despavorida a contarle a su papá lo que ocurría. Padre y niña se dirigieron rápidamente a la habitación, quedando al abrir  perplejos. Algunas de tales cositas al advertir la presencia de la niña, corrieron a esconderse, otras se postraron a sus pies y otras corrieron tras ella con actitud amenazaste; el padre al ver esto corrió por ayuda. Cuando entró con la ayuda el padre sorprendido vio cómo su niña exhausta corría a su encuentro y éste le entregó lo que la iba a salvar... cinco tarros de plastilina.

domingo, 4 de mayo de 2014

LA CONTRA



El joven dormitaba plácidamente, mientras soñaba ser el dueño de una gran empresa y con ello los problemas que traía tal posesión; sin embargo, un atronador ruido lo hizo despertar de su sueño, pues era hora de empezar su frenética jornada de mensajería. Como una exhalación se dirigió al baño y  jabonándose se dió cuenta que había empezado este día bastante mal: ¡se había levantado con el pie izquierdo! Asustado por el momento en que el mal hiciese de lo premonitorio algo verdadero, no se percató que el espejo estaba sobre la tapa del sanitario y al sentarse lo empujó con su espalda; al caer se rompió en mil pedazos, con tanta la mala suerte que uno de los pequeños fragmentos se vino a parar preciso frente al joven. Mientras observaba parte de su rostro en este pequeño fragmento de infortunio, se tomó la cabeza y mirando al cielo imploró por su trágica Moira.

Luego de barrer su desgracia fue a vestirse. Para hacer una pequeña contra a este ineludible destino, se colocó el talismán que le había regalado la abuela y claro, el consejo que ella siempre le daba en estos casos de emergencia: “no se le olvide mijo, cuando todo este  perdido la mejor contra, son los calzoncillos rojos”. Pronto y sin desayunar, tomó la encomienda que le faltó entregar el día anterior y después de ver la dirección, se rascó la cabeza y dijo para sí: -¿Qué he hecho para merecer esto? Todo porque el número de la oficina a la cual debía entregar el envío era el trece.

Después de subir con suma precaución por el edificio –por eso de no aumentar aun más el mal sino,  entregó la encomienda y bajó rápidamente. Con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, imaginaba cual iría a ser la suerte que le deparaba el destino; de pronto de la nada salió un gato negro que pasó frente al él. Rápidamente tomó con la mano derecha el talismán y empezó a recitar la oración de contra para estos casos. Mientras lo hacía una voz fuerte le gritó: ¡Cuidado abajo! El joven tornó su mirada a la fuente de la voz y al hacerlo se dio cuenta que preciso pasaba por de bajo de una escalera. Ya no aguantando más corrió lo más que pudo hasta llegar a la oficina y así poder de cierta manera resguardarse de su inevitable destino.

Pálido y jadeante llegó a la oficina y queriendo ir a tomar un poco de agua la señora de aseo lo tomó del brazo con bastante sigilo y lo llevó a la cocina. Luego de mirar de un lado a otro, la señora susurrándole al oído le dijo: - José nos ganamos la lotería que jugamos en compañía. La señora lo abrazo de alegría, mientras él lloraba. Ella sonriente le dijo: yo también lloré mijo de alegría, pues estas cosas casi no le pasan a los pobres. El joven la miró a los ojos y mientras movía tristemente su cabeza de un lado a otro le dijo: No lloro de alegría María, lloro de tristeza, pues las contras no me sirvieron de nada.