martes, 25 de febrero de 2014

EL GLOBO

Y el gran globo volaba al ritmo de la brisa de la tarde. Era un espectáculo hermoso verle volar: sus colores, su tamaño, su imponencia. Todos deseaban subir, pues según se decía  desde él todo se veía pequeño y se encontraba además el secreto para vencer la naturaleza y transformarla a su antojo. De vez en cuanto tiraban invitaciones y quienes lograban agarrar la suya subían afanosamente. Parece según decían que todo por allá era tan bueno que nadie bajaba de nuevo. Había algunos a quienes nunca llegaba invitación; pero paradójicamente eran sus hombros los que sostenían a aquellos que podían agarrarlas. 

Un día a uno de esos que soportaban en sus hombros el peso de los demás, se le aproximó un raro animal, que con sigilo se acercó velozmente a su cuello inoculándole un extraño veneno. De pronto del cuerpo de aquel desdichado hombre, emergieron unas hermosas alas, que le permitieron subir al globo. Mientras subía, no entendía cómo una persona como él había podido llegar tan alto, imaginando cómo contar a los demás la historias que viviría.

Ya en el globo y sin darse cuenta una gran pala le golpeo tan fuerte que quebró sus alas y rompió su cabeza cayendo casi muerto al piso. Al recobrar el sentido y sin ser advertido, pudo ver una gran pila de hombres muertos que eran llevados con unas grandes palas como combustible para la caldera que permitía al globo volar. El pánico asoló el alma del joven y sin pensarlo se tiró al vacío. Mientras caía las espinas de la verdad le hicieron llorar profusamente. Entregado a la muerte fue salvado por un ave que lo condujo a un lugar donde vivían unos extraños seres que tenían forma casi humana. Con gran asombro, vió como allí nadie llevaba a otro en sus hombros y atónito preguntó el por qué. Un anciano se le acercó y con una amigable sonrisa le indicó una inusual verdad que le supo veneno.

Luego de haber agotado su combustible el globo se dirigió al lugar donde vivían estos singulares hombres. Ya ahí y como de costumbre del globo tiraron una gran cantidad de invitaciones; sin embargo, estos hombres en vez de subir mandaron muchos de aquellos animales que inoculaban tan particular veneno.
Parece ser que quienes manejaban el globo no se percataron de dichos animales y los introdujeron en la caldera. Súbitamnete el globo y sus bellos colores empezaron a perder bits, sus bandas anchas se encogieron, su imponencia perdió el poder y ganó la verdad. Cayendo esprepitósamente al suelo el globo encontró de nuevo que su fin era solo medio.

El polvo y el humo fueron presa del tiempo, mostrando de nuevo con el claro día que no  había un sólo hombre sobre los hombros de otro. Unos y otros bañados de limpia luz pudieron así de nuevo verse a los ojos. Luego de tan grande estallido los hombres se encontraron en un nuevo pero no ajeno lugar. La naturaleza escéptica tuvo que de nuevo darle la razón a sus ancianos padres: el tiempo y el espacio.

lunes, 17 de febrero de 2014

HUIR AL OLVIDO Ó DESEAR SU LLEGADA…



“Porque no ha de ser eterna la memoria del sabio, como no lo es la del necio;
y los tiempos venideros sepultarán en el olvido todas las cosas; muriendo así el docto como el ignorante”[1]
¿Qué hace a este deseo convertirse en dilema?
Dilema porque huir de él  hace sentir lo inefable de la trascendencia; y desear su llegada es bálsamo para las heridas abiertas por el recuerdo. Sabiendo grosso modo el fin de cada tentáculo de este nuestro dilema, nos preguntamos ¿Qué hace entonces aflorar este tipo de deseo? Miremos la primera arista del dilema: El olvido nos lleva a dejar de ser recordados, a ser grano de arena en la infinita playa de la temporalidad. Así, quien no es recordado no es héroe, no es tema de las glosas del poeta. Por ello quien sale al paso al olvido, rompe en muchos casos su esquema de conservación, en aras de marcar con su existencia la marcha infatigable del tiempo. Con la huella temporal, el poeta cuenta la historia del héroe y así cumple su sueño de ser recordado por siempre. Este acercamiento es compartido por nuestra cultura en la medida que privilegia y ensalza lo que a la postre ella determina como digno de ser contado. El concepto de estrella, celebridad o exitoso es una manera de evidenciarlo. Lo paradójico emerge en esta lectura cuando escrutamos con mayor detenimiento su fin ¿Es el ser recordado o la sensación de ser héroe el fin buscado? O dicho de otro modo ¿Es el héroe conciente de su heroísmo en el acto de llevarlo a cabo o luego de que se le glorifica?

Pensemos en la primera pregunta. La cultura actual privilegia ciertos cánones de éxito y quien los cumple obtendrá tanto el ser recordado, como obtener la satisfacción del reconocimiento. No obstante lo anterior, el recuerdo de este grupo de personas es en su gran mayoría mediático, siendo muy pocos los que alcanzan la gloria de la posteridad. La segunda pregunta es a mi juicio la que más genuinamente respondería al ser de lo heroico, pues es el acto glorioso aquel que deviene en tema del poeta. Podemos llegar a afirmar que son meros accesorios el ser tema para el recuerdo, en tanto que es la sangre del valiente en su acto lo que le premia y le hace marcar su experiencia de un recuerdo digno de ser traído a la memoria aunque sea sólo para él. Alguien podría decir que el reconocimiento es acicate primordial para el héroe pero reiteramos su carácter  efímero. Pensemos en la mejor loa de todos los tiempos. En ella se refleja de la forma más viva posible algunas de las más memorable hazañas de un héroe ¿Estas hazañas descritas reviven la experiencia vivida por el héroe? ¡No! Solo son un remedo de lo que de plano resulta indiscernible, inefable. Dicho en otros términos, las palabras traen a la memoria lo que desde la perspectiva del poeta hizo el héroe, pero no traen nunca al héroe mismo, este es hace tiempo ya presa del olvido. Pensamos entonces que el acto heroico está allende a nosotros, de él sabemos sólo un eco que está expresado en testimonios escritos o artísticos que de plano no son aquel que los posibilitó.
   
Lo anterior desearía que no se viera como un demeritar el trabajo del poeta, lo buscado con lo anterior es solo tratar de precisar su alcance. Adicional a ello, tampoco pienso que los actos heroicos no sean dignos de ser recordados[2]; lo que reitero es que su fin no es el afán del reconocimiento, el ser recordado o el no caer en el olvido, sino que su fin se manifiesta en el acto, en el desarrollo mismo de tal hazaña.

En el segundo punto del dilema inicial, se debe hacer un ejercicio contario de lo hasta aquí hecho. No se busca ahora huir del olvido sino tratar de construir alguna estratagema que nos permita que algo que afecta nuestra mente, nuestros sentimientos, nuestra vida anímica caiga presa de las redes del olvido. El tiempo cura las heridas ó el tiempo lo cura todo rezan dichos que esperamos sean bitácora para salir de este laberíntico sendero. Los recuerdos que nos duelen son en su mayoría producto de algo que disfrutamos, que vivimos con plenitud y que mientras se vivían se quería que jamás se fueran de la experiencia. Pasadas circunstancias diversas, lo que antes era luz que guiaba nuestras vidas, ahora es sólo oscuridad y desesperación por hacer perder de vista nuestro horizonte. El dolor es ahora presa de nuestro ser y el olvido es petición y ruego a los dioses. Estos últimos para brindar tal beneficio piden a sus creyentes sacrificios y holocausto terribles, lo cual tristemente no garantiza a corto o mediano plazo su cumplimiento. De este modo, buscar el olvido parecería alcanzarse de modo fácil en la medida que prácticas diversas y el mero paso del tiempo son las curas infalibles ante este cercano enemigo. Habría ante este primer acercamiento preguntas por hacer, en tanto que lo que se busca olvidar no es cualquier tipo de experiencia sino una en la que la víctima ha sido profundamente marcada. Tomemos el siguiente ejemplo para mostrar de modo más gráfico el problema: Una herida profunda en la piel pide de nosotros un cuidado especial; pero aún así y a pesar de los cuidados la cicatriz persistirá y será fiel testimonio del paso del tiempo en nuestro ser. De modo analógico, un recuerdo vívido jamás se borrará de nuestra mente, sólo será fruto de un trabajo continuo el hecho que se pueda controlar. Así las cosas, podríamos colegir que los recuerdos que marcan nuestra existencia se olvidan posiblemente sólo con la muerte y que sólo gracias al tiempo se pueden paulatinamente controlar.

Regresemos de nuevo a la pregunta inicial y preguntémonos por un momento por nuestro dilema y si luego de lo dicho aún persiste el mismo. Decíamos de una parte, que el producto de nuestras hazañas y su trascendencia en la cultura era la manifestación de lo inmortal y que de ello sólo nos llevábamos una experiencia grandiosa hasta que la muerte toque nuestra puerta. Por otro lado, decíamos que el olvido de vivencias significativas no es posible, sólo es controlable durante el transcurso de nuestra vida hasta que la muerte toque nuestra puerta. La cruda síntesis a la que hemos llegado nos muestra de un modo un porvenir sombrío que está a la puerta y que es inexorable: la muerte; pero de otro lado, está una oportunidad preciosa de realización genuina, donde lo heroico se hacen presentes en muchos de los actos que cotidianamente realizamos y no importando lo que la cultura diga de ellos, su importancia radica en la felicidad que vivimos durante su realización o el arte para controlar el recuerdo doloroso que inexorablemente acompañará nuestra existencia.


[1] Biblia, Eclesiastés, Cap. 2 – ver. 16.
[2] Pues estimo que son éstos maneras de modelar la cultura.

jueves, 13 de febrero de 2014

DEL ABISMO ENTRE EL PENSAR Y EL DECIR



Llaman al teléfono:
- ¡Aló! ¿Con quién hablo?
-Buenas noches doña Luisa habla con Roberto ¿Cómo ha estado?
-Muy bien mijo, aquí luchando como siempre y cuénteme ¿Ud. cómo va?
-Estudiando y trabajando; a propósito ¿Don Jaime cómo está?
-Regularcito mijo, la medicina de ahora le está cayendo un poco mal; cuando venga le cuento, ahí le paso a María.
-Gracias doña Luisa y saludos a don Jaime.
Mientras esperaba Roberto pensaba en lo tremendo de tener una enfermedad como la de don Jaime y mucho más tenerla como hijo que afrontarla -¡pobrecita mi nene!- pensaba
-Hola mi amor ¿Cómo estás?
-Muy bien mi nene, trabajando mucho y ya en clases de la universidad.
- Tan rico que pasamos en las vacaciones ¿cierto bebe? ¡Hay! Antes que se me olvide, me encontré con Fernando en la universidad el jueves y va a reingresar a la carrera. Al fin no nos dimos cuenta por qué fue que se retiró.
- Yo sé por qué se salió...
María frunció el ceño y le replicó:
¿Cómo así? ¿Y por qué no me había contado?
Rodrigo rascó su cabeza y en tanto hacía gestos que indicaban el haber cometido un error.
- No mentiras mi nene, era molestando.
- ¡Mentiroso! Yo te conozco y sé que no me quieres decir ¿por qué?
-Realmente no tengo ni la más remota idea del por qué Fer se salió.
- ¿Fer? ¿Cuándo acá tanta confianza?
- ¡Eh!  Pero María ya estas paranoica, mejor hablamos más tarde.
- ¡Ha no! Aquí en la casa me tiene que contar.
- Si mi amor, si mi amor como quieras; nos vemos.
- Aquí te espero, no te demores.
Caminando a casa de María, Rodrigo pensaba en la cara que colocaría María cuando le contara la verdad. -¿Será conveniente contarle? Tantos problemas que tiene y si sabe esto creo lo tomará como un problema más, siendo esto una total banalidad. Claro que hay que tener en cuenta que en la situación en que se encuentra cualquier cosa la afectaría mucho ¡no joda! ¿Para qué me puse a abrir la bocota? Apenas llegue le digo y ya, ni que fuera cosa del otro mundo decirle que...
¡Hiiiii! ¡Crashhhh! Un carro golpea a Rodrigo y lo arroja por los aires.
- ¡Hay papá! Por no estar poniendo cuidado.
- Mija pero el  semáforo estaba en verde ¡No es culpa mía!
Bajan aterrorizados del carro padre e hija a socorrer al joven.
-¡Papi que hacemos está sangrando mucho!
Le decía la niña mientras tomaba fuertemente la manga de la camisa del papá.
El papá temblando sacó el celular de su bolsillo y llamó a emergencias...
Dos horas después y ya María y los padres de Rodrigo en el hospital, el doctor se acerca a ellos y les dice:
 - ¿Uds. son los familiares de Rodrigo Salazar?
- Si doctor, respondió entre sollozos su madre, mientras la abrazaba María desconsolada.
- Señora, Rodrigo está en un coma profundo y tal vez podría salir de él mañana, en cinco años o tal vez nunca...
y así el abismo creció aún más. 

lunes, 3 de febrero de 2014

LA IMAGEN



Grácil frente a él se movía mostrando su diáfana hermosura. Se preguntaba cómo había pasado tantos años sin percatarse de su presencia. Le veía y sentía como lo universal se hacia uno.
-No sabes por cuánto tiempo te he buscado y siempre habías estado tan cerca-. Mientras ella escuchaba le sonreía coqueta. 
Al final no aguantó más y se abalanzó sobre ella. Era el momento preciso para demostrarle que a pesar de la ceguera, el momento siempre se da para el encuentro de las partes en el todo. Después, solo después... Limpió aún más el espejo para seguir con su amada.