sábado, 30 de agosto de 2014

LA PREGUNTA



Después de mucho deambular por la vida. De preocuparse y preguntarse por cosas sin sentido, un joven llegó a la época en que se debe buscar la manera de dar respuesta a  preguntas capitales. Con el dinero suficiente se acercó a una agencia de viajes y pidió el paquete turístico para el Tíbet. Se dio a la tarea de aprender los componentes más elementales del idioma de tal país para con ellos llegar a formular la pregunta que tanto le azoraba. Ya en el lugar y luego de un breve peregrinar se adentró a lo profundo del templo sagrado. Estando ahí y como lo garantizaba el paquete turístico tendría la oportunidad de hacer una pregunta al gran iluminado.
Un sin fin de velas iluminaban el lugar y el aroma a incienso acompañado de las letanías leves de los monjes, hacían de este un clima propicio para la meditación. En la parte más profunda del salón se encontraba una gran puerta iluminada por sendas velas a sus costados y a los lados de éstas dos hombres bastantes fornidos, con mostachos largos, ojos rasgados, un traje rudo de cuero café acompañados de grandes lanzas. Mientras observaba a tales colosos le tomó por sorpresa un monje por el brazo y lo acercó a la gran puerta custodiada. Frente a ella se escuchó una voz que hizo a uno de los guardias abrirla y el monje invitó al joven con gestos a que siguiera.
El olor a incienso en este nuevo cubículo era aún más fuerte, pero la luz era más tenue notándose difusamente el ambiente. De entre las sombras el joven notó una figura menuda sentada en posición de loto, que aunque no podía determinar su aspecto se lograba notar difusamente que era un anciano. Ya acostumbrado a las sombras del lugar pudo notar aún mejor al iluminado y pensó cómo un ser como estos es capaz de desarticularse tan drásticamente del mundo: poder, riqueza, lujuria, eran para él solo “vana ilusión”. Pensaba en cómo se mezcla en estos hombre  lo divino con profano; como ellos podían ser humanos si serlo, vivir sin vivir, francamente es…
Un atronador sonido rompió abruptamente la contemplación del joven; mas no era el caso del iluminado que luego de unos segundos abrió los ojos y moviendo su mano invitó al joven a que me acercara.
El joven se acercó con bastante nerviosismo y luego de formular toscamente la pregunta en su idioma, este sonrió levemente diciéndome que hiciera las preguntas en español. Confundido y ansioso el joven le hizo la siguiente pregunta: -¿Afecta lo vivido lo que vendrá?-
El viejo maestro cerró los ojos unos segundos y luego de respirar profundamente le respondió: -Un vida específica no dura más que un momento y a cada momento nace una vida nueva. El pasado y el futuro son ilusión, solo tu conciencia del presente será el acceso a una vida nueva-
El iluminado cerró sus ojos, pero ante la respuesta el joven quedó aún más inquieto. El monje que lo había llevado con el maestro, tomó de nuevo el brazo del joven y le pidió salir del recinto. El joven imploró que le permitieran de nuevo hacer otra pregunta al maestro, pero el monje se negó. De oír el alboroto del joven el iluminado permitió hacerle una nueva pregunta, pero le pidió que fuese la última por cuanto otras personas también esperaban.
De nuevo frente al él el joven preguntó: -Maestro, si el pasado y el futuro son ilusión ¿por qué cree usted en lo que cree? ¿No es acaso gracias a lo pasado como contrasta su presente y prevé el futuro? Si es el futuro ilusión ¿por qué está tan seguro de que alguien lo espera tras la puerta?-
El maestro tomó una coloración rojiza en su cara y luego de abrir sus ojos como no lo había hecho antes, tomó de dentro de su túnica un celular y sin quitarle la mirada al joven, hablaba enfurecido con alguien. Dos hombres de traje negro abrieron la puerta y luego de tomarlo fuertemente lo sacaron rápidamente del lugar.

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