Después de mucho deambular por la vida. De
preocuparse y preguntarse por cosas sin sentido, un joven llegó a la época en
que se debe buscar la manera de dar respuesta a
preguntas capitales. Con el dinero suficiente se acercó a una agencia de
viajes y pidió el paquete turístico para el Tíbet. Se dio a la tarea de
aprender los componentes más elementales del idioma de tal país para con ellos
llegar a formular la pregunta que tanto le azoraba. Ya en el lugar y luego de
un breve peregrinar se adentró a lo profundo del templo sagrado. Estando ahí y
como lo garantizaba el paquete turístico tendría la oportunidad de hacer una
pregunta al gran iluminado.
Un sin fin de velas iluminaban el lugar y el
aroma a incienso acompañado de las letanías leves de los monjes, hacían de este
un clima propicio para la meditación. En la parte más profunda del salón se
encontraba una gran puerta iluminada por sendas velas a sus costados y a los
lados de éstas dos hombres bastantes fornidos, con mostachos largos, ojos
rasgados, un traje rudo de cuero café acompañados de grandes lanzas. Mientras observaba a
tales colosos le tomó por sorpresa un monje por el brazo y lo acercó a la gran
puerta custodiada. Frente a ella se escuchó una voz que hizo a uno de los
guardias abrirla y el monje invitó al joven con gestos a que siguiera.
El olor a incienso en este nuevo cubículo
era aún más fuerte, pero la luz era más tenue notándose difusamente el
ambiente. De entre las sombras el joven notó una figura menuda sentada en
posición de loto, que aunque no podía determinar su aspecto se lograba notar
difusamente que era un anciano. Ya acostumbrado a las sombras del lugar pudo
notar aún mejor al iluminado y pensó cómo un ser como estos es capaz de
desarticularse tan drásticamente del mundo: poder, riqueza, lujuria, eran para
él solo “vana ilusión”. Pensaba en cómo se
mezcla en estos hombre lo divino con profano; como ellos podían ser humanos si serlo, vivir sin
vivir, francamente es…
Un atronador sonido rompió abruptamente la contemplación
del joven; mas no era el caso del iluminado que luego de unos segundos abrió
los ojos y moviendo su mano invitó al joven a que me acercara.
El joven se acercó con bastante nerviosismo y
luego de formular toscamente la pregunta en su idioma, este sonrió levemente
diciéndome que hiciera las preguntas en español. Confundido y ansioso el joven
le hizo la siguiente pregunta: -¿Afecta lo vivido lo que vendrá?-
El viejo maestro cerró los ojos unos
segundos y luego de respirar profundamente le respondió: -Un vida específica no dura más que un momento y a cada momento nace
una vida nueva. El pasado y el futuro son ilusión, solo tu conciencia del
presente será el acceso a una vida nueva-
El iluminado cerró sus ojos, pero ante la respuesta
el joven quedó aún más inquieto. El monje que lo había
llevado con el maestro, tomó de nuevo el brazo del joven y le pidió salir del
recinto. El joven imploró que le permitieran de nuevo hacer otra pregunta al
maestro, pero el monje se negó. De oír el alboroto del joven el iluminado
permitió hacerle una nueva pregunta, pero le pidió que fuese la última por
cuanto otras personas también esperaban.
De nuevo frente al él el joven preguntó: -Maestro,
si el pasado y el futuro son ilusión ¿por qué cree usted en lo que cree? ¿No es
acaso gracias a lo pasado como contrasta su presente y prevé el futuro? Si es
el futuro ilusión ¿por qué está tan seguro de que alguien lo espera tras la
puerta?-
El maestro tomó una coloración rojiza en su
cara y luego de abrir sus ojos como no lo había hecho antes, tomó de dentro de
su túnica un celular y sin quitarle la mirada al joven, hablaba enfurecido con
alguien. Dos hombres de traje negro abrieron la puerta y luego de tomarlo
fuertemente lo sacaron rápidamente del lugar.
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