Se encontraba como siempre triste, viendo como todos en la casa se divertían sin él. Cuando hacían las
fiestas, todos los electrodomésticos de la casa disfrutaban al máximo. El
equipo de sonido, la radio y el DVD se encargaban de la música y los videos.
Todos se agolpaban alrededor de la licuadora y la tostadora pues eran las
mejores bailarinas. Después de tanto bailar se acercaban a la olla
arrocera, la crispetera, el microondas y
la estufa para comer un poco. Luego finalizaban sus grandiosas fiestas con los
discursos elocuentes y sabios del computador que les contaba de los hermosos
parajes que visitaba por el internet. A lo lejos, triste, éste haría lo
que fuera por ser invitado pero los electrodomésticos ni siquiera se percataban
de su existencia. Con congoja, decidió dar fin a tan solitaria
existencia…
-¡Por Dios! ¡No!-
Gritó el joven cuando llegó a su apartamento
y un cortocircuito había dañado todos sus electrodomésticos.