Y el viento rozaba todo a su paso envolviéndolo todo con su hálito
dinamizador; y el aire meditaba sobre lo que él era.
Y el viento movía las flores y estas agradecidas le empapaban de su
aroma; y el aire se preguntaba del objeto de su existencia.
Y el viento jugaba con las olas del mar y se disfrazaba de brisa, y el
aire miró con envidia al viento y él que sabía lo que sentía el aire, le
susurro un mágico secreto.
El aire no comprendió, sin embargo, ambos se dieron al vuelo cruzando
de cerca por los cuerpos de dos apasionados amantes… y el aire asombrado miró
al viento y éste sonriéndole se transformó en espejo.