martes, 1 de diciembre de 2015

LA PRESA



- Mi amor no olvides que hoy es el día de hacer el mercado.
El esposo la miró mientras meditaba:
- preciso el día en que descanso, pero bueno, de una vez aprovecho y compro la camisa esa que tanto me gustó.
Fue a la pieza y mientras se vestía le dijo a su esposa:
- amor pásame la lista  de compras.
Luego en el carro se dirige junto a su hijo al centro comercial.

-¡Oh! gran jefe no olvides que la tribu no tiene alimento.
Le decía una de las esposas al  jefe de la tribu. Éste en su interior pensaba:
-Preciso el día después de la gran danza de la lluvia, pero bueno aprovecho y atrapo el jaguar que vi en estos días.
El hombre salió de su maloca y mientras organizaba los implementos llamó a alguno de sus hombres y se dirigió a la espesa selva.

Mientras manejaba imaginaba como le iba a quedar la camisa, desde que la vio se dijo que esa camisa iba a ser de él.

Mientras caminaba por el sinuoso camino se imaginaba cómo le iba a quedar la piel de jaguar.  Desde que vio a éste beber en el arroyo del norte se dijo que sería suyo.

En el centro comercial se dirigió primero a hacer el mercado.  Ya en el supermercado le pidió a su hijo que le dictara los artículos que debía comprar durante el paso por los diferentes estantes.

En la espesura de la selva, el jefe seleccionó a cada uno de los hombres para que buscaran unos frutos, otros peces y otros algunos animales pequeños.

Después de haber seleccionado todos los artículos de la lista se dirigieron ambos a la caja registradora. Luego de pagar llevó los artículos al carro y le dio a su hijo un poco de dinero para que fuera a comer o a jugar algo, entretanto él iba a comprar la camisa.

Después de que los hombres habían conseguido todos los alimentos pedidos por el jefe, pidió a todos se arrodillaran para agradecer a la madre tierra. Luego de ello autorizó a los hombres para que se divirtieran en el río mientras él iba tras el animal.

Subió las escaleras y raudo llegó al local. Se acercó a unas de las jóvenes que atendía el lugar y le describió la camisa que deseaba. Esta ahogó su alegría al decirle que este artículo se encontraba agotado. La joven de ver su rostro pronto recordó que en uno de los locales de la planta baja podría encontrar la camisa. Él le agradeció y se dirigió rápidamente el lugar.

Corriendo por los corredores más agrestes de la selva, el jefe se dirigía al arroyo sagrado del norte. Sintiéndose cerca de ahí aminoró el paso para no asustar al animal. Se mantuvo oculto en unos arbustos cercanos al arroyo por una hora, sin embargo no se daba manifestación alguna del animal. Salió de su escondite y se percató de unas huellas frescas de jaguar que se dirigían a lo alto del arroyo.

Sudando llegó al local indicado por la joven y preguntó por la camisa. La nueva vendedora luego de buscar en la bodega recordó que la última camisa de ese estilo la había vendido hace tan solo unos minutos. El señor apesadumbrado agradeció a la joven y luego de llamar a su hijo por el celular se dirigió al parqueadero.

Siguiendo el rastro llegó al lugar donde terminaban las huellas y junto a estas unas gotas de sangre. Apesadumbrado se dirigió de nuevo donde se hallaban sus hombres y pensaba quien podía habérsele adelantado.

Ambos sin la presa codiciada se sorprendieron días después al ver que la camisa ansiada la tenía el presidente de la empresa donde trabajaba y la piel deseada la tenía el gran sacerdote de la tribu.