Un hombre cansado de caminar se paró un momento a descansar a la rivera del camino. Mientras lo hacía se detuvo a observar lo hermoso del atardecer. De tanto deleite, se preguntó: ¿De dónde vendrán colores tan lindos? ¿Acaso algún cofre escondido esconderá tan preciado tesoro?
Absortó de las preguntas suscitadas se dispuso a darles respuesta. Camino a tan valioso cofre, imaginaba como lo envidiarían aquellos que le viesen rodeado de tan iridiscentes colores; aunque esto poco le importaba, pues su periplo lo motivaba el poseer un poco de aquella luz para iluminar el sombrío e incierto camino de su vida, y otro poco de ésta para develar los innumerables pliegues que oscurecían su alma. Luego de mucho caminar y ver incontables atardeceres no podía llegar a su anhelado destino. Cansado, se sentó de nuevo en la rivera del camino y estallando en llanto pudo darse cuenta de lo estúpido de su empresa.
Sin esperanzas alguna se reprochaba por lo iluso que había sido; mientras lo hacía un niño se le acercó y con
inocencia le preguntó por qué lloraba, éste con algo de pena le describió su necia idea y el niño sonriendo le
manifestó saber el camino que le llevaría a su ansiado destino. El hombre un tanto enojado le pidió al niño se
fuera, ya que poco le gustaba que se burlaran de él y menos un niño. Este tomándolo de la camisa, le insist ió
que no era una broma, que era verdad lo que decía; el hombre al ver tanta vehemencia en las palabras del niño decidió hacerle caso, pues que más podía perder.
Luego de caminar largo rato, ambos pararon agotados y se acostaron a dormir a la rivera del camino el resto de la noche. Al otro día un amanecer hermoso hizo despertar al hombre, que al darse cuenta que el chiquillo se había ido entró en cólera; empero, algo que brillaba hermosamente al final del camino le hizo desvanecer su rabia y de un brinco corrió al encuentro de lo que tal vez sería el cumplimiento de su mayor anhelo. Frente a él recogió un papel que decía con letras de infante: -He aquí lo que tanto has buscado…
El hombre confundido recogió el objeto y mientras observaba su rostro en él descubrió la luz que tanto había
buscado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario