Cuando nadie se lo esperaba, un hombre que salió de la nada,
manifestaba que sabía del lugar donde estaba la respuesta a la pregunta final: “cómo
eran las cosas realmente”.
Al escuchar tan esperanzadoras palabras, todos soltaron sus lápices y corrieron
al encuentro de tan especial lugar. Mientras corrían tras el hombre, recordaban
todo el tiempo perdido; no obstante, la angustiosa búsqueda había llegado a su
fin.
Todos llegados al gran lugar empezaron a abarrotarlo. Tiempo después
uno a uno, salieron del pequeño lugar
con cabezas gachas y hombros caídos.
Uno que se había enterado tarde de la noticia se encontró con el
primero que salía del lugar. El retrasado le preguntó el porqué de su congoja y
este lastimeramente le respondió: En aquel lugar te dirán como las cosas
realmente “eran” más yo ingenuamente creí me dirían “cómo son”. Ambos se
miraron y la hermana angustia de nuevo se aposentó en el alma de estos
errabundos seres.
Mientras tanto en una pared falsa del infame lugar, se escuchaban dos ensordecedoras
carcajadas: las de un sacerdote y la del devenir.
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