- Creo que este regalo le gustará bastante a mi niña-
Pensó su padre. La niña al ver el regalo lo abrazo con alegría
infinita, pues le había traído lo que ella hace rato ya le venía pidiendo...
plastilina. Rumbo a su cuarto su mente volaba y su cuerpo le seguía. Mezcló,
amasó, estiró y creó en pocos días un conjunto armonioso de “cositas”, las
cuales daban fe de su gran capacidad creadora. Decidió entonces pedirle una
opinión a su papá, sobre su magnífica creación; empero meditó y decidió no
decirle nada, por aquello de lo imparcial que era quien amaba. Un poco triste
decidió crear una cosita que pudiese admirar su creación y admirarle también a
ella. Cuando se dispuso a crear tan imposible propósito, un pequeño trozo de
madera chuzo su dedo... y la sangre se confundió con la plastilina. Ella prestó
poca atención a tan poca cosa y se dispuso a traer a la existencia lo
imposible. Luego de hacer tan antonomásica cosilla, decidió descansar.
Rato después, despertó y a hurtadillas decidió ver lo que hacía su creación especial. Se sorprendió al ver
que su creación especial, se encontraba corriendo en medio de las otras
figuras, como si buscase algo que le faltara. Luego de deambular y de no
encontrar lo que buscaba, la triste figurilla se tiró al piso agotada mientras
lloraba amargamente.
Con el mismo sigilo la niña pudo ver como la cosita especial, arrancaba
de todas partes pedazos de plastilina, tratando de crear algo que se asemejase
a ella; para así -le parecía a la niña-
poder litigar su amargura. Cuando ya
terminó, tristemente la cosita especial observó que su creación no tenía
movimiento alguno. En un acto desesperado, tomó una parte de sí misma y la
adiciono a su creación. Rato después la nueva creación realizada por la
desesperada creación especial abrió los ojos y le sonrió a su creadora. Ambas
empezaron a tomar partes y más partes de plastilina para crear cositas iguales
a ellas.
La niña sin ser advertida por tan terrible creación, salió de la pieza
despavorida a contarle a su papá lo que ocurría. Padre y niña se dirigieron
rápidamente a la habitación, quedando al abrir
perplejos. Algunas de tales cositas al advertir la presencia de la niña,
corrieron a esconderse, otras se postraron a sus pies y otras corrieron tras
ella con actitud amenazaste; el padre al ver esto corrió por ayuda. Cuando
entró con la ayuda el padre sorprendido vio cómo su niña exhausta corría a su
encuentro y éste le entregó lo que la iba a salvar... cinco tarros de
plastilina.
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