- Mi amor no olvides que hoy es el día de
hacer el mercado.
El esposo la miró mientras meditaba:
- preciso el día en que descanso, pero bueno,
de una vez aprovecho y compro la camisa esa que tanto me gustó.
Fue a la pieza y mientras se vestía le dijo
a su esposa:
- amor pásame la lista de compras.
Luego en el carro se dirige junto a su hijo
al centro comercial.
-¡Oh!
gran jefe no olvides que la tribu no tiene alimento.
Le
decía una de las esposas al jefe de la
tribu. Éste en su interior pensaba:
-Preciso
el día después de la gran danza de la lluvia, pero bueno aprovecho y atrapo el
jaguar que vi en estos días.
El
hombre salió de su maloca y mientras organizaba los implementos llamó a alguno
de sus hombres y se dirigió a la espesa selva.
Mientras manejaba imaginaba como le iba a
quedar la camisa, desde que la vio se dijo que esa camisa iba a ser de él.
Mientras
caminaba por el sinuoso camino se imaginaba cómo le iba a quedar la piel de
jaguar. Desde que vio a éste beber en el
arroyo del norte se dijo que sería suyo.
En el centro comercial se dirigió primero a
hacer el mercado. Ya en el supermercado
le pidió a su hijo que le dictara los artículos que debía comprar durante el
paso por los diferentes estantes.
En la
espesura de la selva, el jefe seleccionó a cada uno de los hombres para que
buscaran unos frutos, otros peces y otros algunos animales pequeños.
Después de haber seleccionado todos los
artículos de la lista se dirigieron ambos a la caja registradora. Luego de
pagar llevó los artículos al carro y le dio a su hijo un poco de dinero para
que fuera a comer o a jugar algo, entretanto él iba a comprar la camisa.
Después
de que los hombres habían conseguido todos los alimentos pedidos por el jefe,
pidió a todos se arrodillaran para agradecer a la madre tierra. Luego de ello
autorizó a los hombres para que se divirtieran en el río mientras él iba tras
el animal.
Subió las escaleras y raudo llegó al local.
Se acercó a unas de las jóvenes que atendía el lugar y le describió la camisa
que deseaba. Esta ahogó su alegría al decirle que este artículo se encontraba
agotado. La joven de ver su rostro pronto recordó que en uno de los locales de
la planta baja podría encontrar la camisa. Él le agradeció y se dirigió
rápidamente el lugar.
Corriendo
por los corredores más agrestes de la selva, el jefe se dirigía al arroyo
sagrado del norte. Sintiéndose cerca de ahí aminoró el paso para no asustar al
animal. Se mantuvo oculto en unos arbustos cercanos al arroyo por una hora, sin
embargo no se daba manifestación alguna del animal. Salió de su escondite y se
percató de unas huellas frescas de jaguar que se dirigían a lo alto del arroyo.
Sudando llegó al local indicado por la joven
y preguntó por la camisa. La nueva vendedora luego de buscar en la bodega
recordó que la última camisa de ese estilo la había vendido hace tan solo unos
minutos. El señor apesadumbrado agradeció a la joven y luego de llamar a su
hijo por el celular se dirigió al parqueadero.
Siguiendo
el rastro llegó al lugar donde terminaban las huellas y junto a estas unas
gotas de sangre. Apesadumbrado se dirigió de nuevo donde se hallaban sus
hombres y pensaba quien podía habérsele adelantado.
Ambos sin la presa codiciada se
sorprendieron días después al ver que la camisa ansiada la tenía el presidente
de la empresa donde trabajaba y la piel deseada la tenía el gran sacerdote de
la tribu.
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