lunes, 10 de marzo de 2014

El Macho



Mientras deambulaba por la calle, meditaba sobre un poco de esto y de aquello. Tratando de disiparme de tan agobiante ciclo, divisé a lo lejos el lugar que posibilitaría mi desconexión. Ya en el bar, me senté en una de las sillas de la barra y pedí al cantinero una cerveza. Dos sillas a mi izquierda se encontraba un hombre medio ebrio, con su cara brillante y roja. Luego de observarme y hacerme una mueca, que francamente no pude comprender si era amigable o de desagrado, continuo su conversación con el cantinero. Aunque mi propósito al entrar al bar era otro y siendo tan fácil y en ocasiones agradable escuchar conversaciones ajenas, me dispuse -sin que lo notasen los hablantes- a escuchar atentamente su conversación.

-¡Sí señor, ese tipo sí que es todo un macho! - Decía el ebrio mientras despeinaba su ya enmarañado cabello.

- Recuerdo el día que vinieron a pelearse dos mujeres bellísimas por él y aunque no me creás, le tuve que decir al galán que se fuera con sus problemas a otro lado; pero sabés, no te niego que me temblaban las patas mientras se lo decía - Acotaba el cantinero mientras miraba a tras luz los vasos que limpiaba.

- ¡No jodás! ¿Entonces si era cierto lo del “siete mujeres”? Decía excitado el ebrio, mas el  cantinero se le acerco y le dijo casi susurrándole: - más bien le colocaría el “siete muertos”, pues por si no lo sabés hace muy poco salió de la cárcel y como maneja tanto billete, parece que pagó bastante para poder salir rápido.

El ya borracho, tomo un gran trago de aguardiente y con tono acongojado afirmo: -Ese man si que es todo un macho-. Mientras movía su cabeza de un lado a otro.

El cantinero para tratar de motivar al ya casi dormido cliente, continuo diciéndole: - Eso sí es verdad, porque imagínese que...-

Abruptamente corto la conversación el cantinero, pues se empezó a escuchar un sonido sordo acompañado de leves vibraciones,  que a medida que pasaba el tiempo iban aumentando su fuerza. Pronto del diálogo estentóreo que da el alcohol, se paso al susurro que da el temor.



Mi corazón empezó a latir con mayor frecuencia, porque por lo que veía en los demás, lo que se acercaba no era para nada “amigable”. Me paré y traté de pagar al cantinero y este invitándome a sentarme de nuevo me dijo con vos entrecortada y nerviosa: -Es por su seguridad, la persona que viene no le gusta que nadie salga cuando el va a entrar. Sin preguntar el por qué e imaginándome de quien era, me senté y rápidamente el sudor empezó profusamente a empapar mi frente. De un solo golpe se abrió la puerta del bar y a través de un espejo que se encontraba frente a mí, pude observar esa gran amenaza.



Era un hombre de unos dos metros de altura, gran musculatura, tez trigueña y cabello muy corto. De su cara no salía gesto alguno y tratando que lo que pensara no se notara, se cruzo por mi mente la imagen de un zombi. Aquel coloso fue acercándose cada vez más hacia mí y yo en un esfuerzo sobre-humano agarre la cerveza y tome un trago, interpretando las líneas que me tocaban en esta extraña obra de terror.

El cantinero le preguntó que si deseaba lo de siempre, y una voz como de caricatura le respondió:

-sí, lo de siempre.

Atónito y no aguantando la curiosidad trate de soslayo, ver de donde procedía tan cómica voz...

Atónito quede al ver que tal voz venia de su pistola.

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