Un científico caminaba por la orilla de un gran río y con sus manos en la cintura miraba atento alrededor. De pronto algo llamó su atención: un “algo”, tubular, verde y extraño; sin saber de qué tipo de ser se trataba se propuso conocerlo.
Era
bastante grande, así que trajo una gran balanza para poder determinar su peso
exacto. Después lo fotografió y ya con la foto corrió a compararla con la de
una enciclopedia. Según los datos dados en la enciclopedia se trataba de un: “cocodrilus
americanus”. Comparado los datos iniciales, corrió de nuevo al animal y comenzó
a cotejar uno a uno el resto de datos dados en la enciclopedia: cantidad de
dientes, largo, sexo, numero de manchas, entre otros. Para asegurarse aun más
(porque era un científico meticuloso), tomó una muestra de piel, la llevó al
laboratorio y comparó la distribución genética con la que mostraba la
enciclopedia, dando al final como resultado la confirmación exacta de
los datos ya mentados en la enciclopedia.
Agotados
todos los recursos intelectuales, el científico recogió todos sus instrumentos,
pues ya de este animal no había nada que conocer. Cuando se dispuso a seguir su
camino el animal se abalanzó sobre el hombre y lentamente lo fue devorando.
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