martes, 9 de agosto de 2016

LIBERTAD



Jacinto enjaulado, no veía la hora de poder salir y sentir el aire correr por sus fauces, sentir el agua del rio correr por su cuerpo y sobre todo sentir de cerca el dulce aroma de una perra en celo.
Por un descuido de su amo, la ocasión se dio y Jacinto como una exhalación se hizo libre. Adiós a la fea comida, adiós a su polvorienta casa, adiós a las cadenas… ¡bendita libertad!
Alejado de su claustro muchos kilómetros, quiso descansar, beber agua y comer un poco, pero no halló nada a su alrededor para satisfacerse. Luego cayó una profusa lluvia que hizo que Jacinto empezara a temblar de frío y las necesidades se hicieron aún mayores.
A la mañana y luego de caminar toda la noche Jacinto estaba de nuevo en casa y él mismo se había colocado la cadena.

2 comentarios:

  1. Somos prisioneros del Bienestar, presos de nuestra cómoda rutina... Reclusos de nuestros sueños más nobles, pero libres de ataduras responsables y de compromisos que nos sometan y torturen.

    ResponderBorrar