Confluyeron cierto día, como algunas veces, las antípodas que une el amor. Ella al verlo se enamoró perdidamente y corrió a su encuentro. Con la irreverencia que da el amor, le dijo lo mucho que lo amaba. El joven la miró y receptivo a su mensaje le respondió a la velocidad del sonido; sin embargo, tarde ya era, la amada corría a la velocidad luz.
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