martes, 2 de junio de 2015

LOS DUEÑOS



Se cruzaron sus miradas como todos los días y ambos creían su mirada fruto de la envidia; sin embargo era tan solo de consuelo.
Llegado el empresario a su gran edificio, evocó por un momento cómo éste había sido su gran sueño que luego de grandes sacrificios y de una que otra trampilla era ahora toda una realidad. Subió por su ascensor privado, mirando piso a piso lo alto que había llegado. Su amplia oficina le esperaba con amplios ventanales y una ostensible opulencia en su interior. Como todos los días, se acercó a uno de los ventanales para observar la pequeñez de sus rivales, sintiendo como el poder entraba por su cuerpo hasta alojarse en su alma. Despertándole de la ataraxia, su hermosa y siempre dispuesta secretaria le recuerda de la junta que tenía a las 8:00 A.M. Fue el primero en llegar, disponiendo –como era evidente- del puesto más importante en la mesa de juntas.  A medida que iban entrando los integrantes, daban una corta vista al gran empresario. En unos se materializaba al verlo el paradigma por excelencia, en otros la fuente de sus desdichas y en la mayoría el manantial de su impotencia. Sentado con majestuosidad infinita, se le iban acercando uno a uno para saludarlo, algunos abrazándolo con diplomacia, otros besándolo con diplomacia y la mayoría odiándolo con diplomacia. Terminada la junta, todas las mejores ideas y decisiones eran las de las nuestro exitoso empresario.
Terminado otro día de trabajo, bajó de su edificio y  cruzó la mirada como todos días con el loco, creyendo ambos su mirada fruto de la envidia; sin embargo era tan solo de consuelo.
El empresario llegó a su gran casa y su linda esposa corrió a su encuentro. Ya en su amplia cama, soñó ser el dueño del mundo.
El loco llegó a su angosto cambuche y su canchoso perro corrió a su encuentro. Ya en sus sucios cartones, soñó ser el dueño de sí mismo.

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