El mar bravío, avasallaba con su fuerte oleaje, la tersa piel de la playa,
ella ávida de su abundancia, absorbía palmo
a palmo el ser de su amado.
El fuego abrasador, consumía con violencia,
la tersa piel de la madera,
ella ávida de su abundancia, absorbía palmo
a palmo el ser de su amado.
Pronto el mar se ausentó, mas le prometió a
su amada, un pronto regreso; ella cuan Penélope atesoró en sus entrañas los recuerdos
líquidos de su amado. El fuego ardía difuminando en su amada el límite entre
brasa y madera. Ella extasiada estallaba de pasión copiosa.
El mar regreso rompiendo con su fuerza la
nostalgia y liberando de nuevo al preso cupido. Con el mar llegó también su
prima la brisa y del amor ardiente yacían tan solo cenizas.
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