lunes, 1 de diciembre de 2014

EL TEMOR



Soy nervioso como todos; pero este nerviosismo aumenta cuando veo aquello.  Su figura, su porte, su aspecto en general me aterrorizan:
¡Oh Dios por favor aleja aquello de mí!
Durante toda mi vida me han enseñado la fisonomía de aquello a lo cual debo de temer; sin embargo, para este caso dichos patrones resultan nulos.
Mi estremecimiento aumenta al ver cómo se acerca a mí, no puedo mover una sola célula de mi cuerpo y el sudor es mi único cobijo. Aquel ser dantesco ya frente a mí me saluda dejando tras de sí su humor.
A mí auxilio se acerca alguien que me dice al oído:
- ¡Te gusta esa muchacha!  ¿Si quieres te la presento? Es muy amiga mía.

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